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Sociedad de periódico

Desde la aparición de los libros hasta el posterior desarrollo de los primeros periódicos, la imprenta siempre ha estado controlada rígidamente y determinada por una censura previa a causa del absolutismo monárquico español dominante y la fuerte influencia y preeminencia de la Inquisición. La economía rural, la baja urbanización y las bajas tasas de alfabetización hicieron de la prensa un medio retrasado con respecto al desarrollo en los principales países europeos y Estados Unidos.

“Desde la doble perspectiva política y periodística, la guerra de la Independencia contra Francia marcó el punto de inicio de nuevos planteamientos en la prensa española. En efecto, fue durante la ocupación francesa cuando se promulgó por primera vez la libertad de imprenta gracias al reglamento de 1810 (…) Se abrió paso además un incipiente periodismo noticioso, pues había que dar las noticias de la guerra y de la labor de las Cortes de Cádiz, aunque predominara aún la vertiente política y polemista” (BARRERA, C., 2008: 120). Tras la finalización de la guerra y la vuelta de Fernando VII, se instauró de nuevo el régimen restrictivo anterior y, pese al breve período liberal de su reinado -conocido como Trienio Liberal-, no fue hasta 1833 cuando “se comenzó a instaurar progresivamente un estado liberal, que sería predominante el resto del siglo XIX” y “tendría su culminación (…) en la Ley de Policía de Imprenta de 1883” (BARRERA, C., 2008: 120). Así pues, entre 1843 y 1854 se produjo una consolidación de la prensa informativa española, que posteriormente se desarrollaría entre los años sesenta y setenta del mismo siglo,  en la que la prensa de opinión dio paso a una más informativa, se renovaron los periódicos y se perfilaba a los periodistas, que en la mayoría de publicaciones estaban ligados a figuras políticas (Cánovas, Sagasta, Río Rosas, etc.). A todo esto se le añadieron diferentes transformaciones sociales, técnicas y tecnológicas en un siglo en el que, además, aparecieron los primeros periódicos obreros españoles.

Con el inicio de la Restauración, marcada por el caciquismo político y la sucesión de gobiernos de solo conservadores o solo progresistas, los periódicos españoles sufrieron una nueva transformación en la que aumentaron las páginas, así como los anuncios, y se dividió la publicación por secciones en las que se contaban historias de la vida urbana, sin dejar de lado cierto sensacionalismo. Aun así, las tiradas no aumentaron y el analfabetismo continuó elevado (más del 71%).

Con la llegada del nuevo siglo, se perpetuó el sistema político y social de la Restauración, aunque se apreciaron nuevos cambios en la actividad periodística con una mayor variedad de noticias y el envío de corresponsales. Así pues, en el primer tercio del siglo XX se desarrolló el denominado periodismo de masas, si bien el número de tiradas no llegó a ser el mismo que el de otros países europeos más avanzados y Estados Unidos, y se configuró la profesión del periodista como tal, en muchos casos ligados, como antes, a la política o la literatura.

Los principales motivos que conformaron este periodismo de masas fueron la llegada, durante la Primera Guerra Mundial, de todo tipo de periodistas, artistas, intelectuales, etc., que huían de los países en guerra y su instalación en Madrid y la posterior censura política durante la dictadura de Primo de Rivera, lo que provocó el desarrollo de noticias de cultura y espectáculos, base de la cultura e masas.

Este tipo de periodismo se acabó de conformar con la proclamación de la II República española (1931-1936), instaurada en una coyuntura de crisis económica internacional y bajo la amenaza fascista en Europa, lo que no impidió que se realizaran  importantes obras en la educación y la reforma social, así como que se proclamara una Constitución democrática y liberal que respetara los derechos de los ciudadanos -sufragio universal masculino y femenino- y, obviamente, también de la prensa (abolición de la censura y proclamación de la libertad de prensa).

A pesar de estos avances en materia política y democracia, esto no impidió la sublevación de un sector del ejército, a cuyo frente estaba el general Francisco Franco, y la imposición, tras una dura Guerra Civil (1936-1939) de una férrea dictadura en el que volvía a estar presente la censura.

“Las pasiones suscitadas por la guerra fratricida y, sobre todo, los casi cuarenta años posteriores de la Dictadura franquista siguen dificultando una visión completamente objetiva de los hechos. Aún en nuestros días, la mayoría de los escritores se acercan al análisis de los textos desde posturas políticas claramente definidas o, al menos, con una mayor simpatía previa por uno de los dos contendientes. Simpatía que se delata en la utilización de determinados adjetivo o en la minimización de acontecimientos que pudieran perjudicar un enfoque favorable del grupo apoyado” (GÓMEZ MOMPART, J.L.; MARÍN OTTO, E., 1999: 171-172). Así pues, ambos bandos contendientes en la guerra civil desarrollaron sus propias medidas contra el otro bando e incautaron sus periódicos a través de la utilización de los medios de comunicación como una poderosa arma de persuasión de una población, en ocasiones, indecisa; si bien esto sería mejor manejado en el bando sublevado que en el republicano, donde la unión de tan distintas tendencias progresistas acabó desuniendo su bloque informativo.

Con la instauración de la censura y el control estatal de los medios de comunicación (ya existía la radio y se habían producido las primeras retransmisiones televisivas en privado) por parte del gobierno franquista, los medios de comunicación serían utilizados por el Estado a modo de órgano de información social e “instrumentos de “Educación Popular” y vehículos de adoctrinamiento político” (GÓMEZ MOMPART, J.L.; MARÍN OTTO, E., 1999: 173).

En resumen, los medios de comunicación -tradicionalmente ha sido la prensa escrita-, han sido concebidos por los órganos e instituciones dominantes como instrumentos a su servicio como modo de extender su influencia y los conocimientos a los ciudadanos. Este es el principal motivo por el que gobiernos e iglesia católica han intentado prohibir todo aquello no acorde con sus pensamientos con el argumento de ser una publicación contraria a la verdad o maligna, pese a ser, simplemente, una publicación de ideología diferente.

A continuación, añado una fotos propias sobre periódicos (deportivos, concretamente, el AS y el Marca) que encontré buscando entre trastos viejos, pertenecientes entre los años 1935 y 1942.

Fuentes:

BARRERA, C. “La progresiva modernización de la prensa en España”. En: BARRERA, C. (Coord.). Historia del periodismo universal. Barcelona: Ariel, 2008. p. 119-134.

FURIÓ DIEGO, A., REIG ARMERO, R. “De la dictadura a la democracia”. En: FURIÓ DIEGO, A., REIG ARMERO, R. Comunitat Valenciana. Historia. Valencia: Vicens Vives, 2010. p. 74-77.

FURIÓ DIEGO, A., REIG ARMERO, R. “De la Restauración a la Guerra Civil (1875-1939)”. En: FURIÓ DIEGO, A., REIG ARMERO, R. Comunitat Valenciana. Historia. Valencia: Vicens Vives, 2010. p. 56-71.

SCHULZE SCHNEIDER, I. “España: la solitaria libertad de las ondas”. En: GÓMEZ MOMPART, J.L. y MARÍN OTTO, E. (eds.). Historia del periodismo universal. Madrid: Síntesis, 1999. p. 171-175.

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