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La aparición del lenguaje

Para la aparición del lenguaje fue necesaria la intervención de numerosos factores fruto de la evolución de la especie: el aumento de la necesidad de comunicación dentro de una comunidad de individuos y los cambios fisiológicos permitieron el desarrollo de esta capacidad exclusiva de los homínidos.

Comunidad de homínidos | timerime.com

Hace aproximadamente 300.000 años, el cerebro y el cráneo humanos comenzaron a aumentar de forma considerable en estrecha relación a la evolución de los homínidos hasta la aparición del Homo sapiens sapiens, hace 100.000 años.

Se cree que los motivos de este desarrollo del cerebro pudieron ser consecuencia del cambio de dieta que supuso la separación del Valle del Rift -antes de que los homínidos, quienes quedaron aislados en la parte oriental del Gran Valle, salieran de África-, lo cual cambió su entorno ecológico por completo, pues se vieron obligados a vivir en la sabana.

Grieta del Valle del Rift | aprendemosgeografiaehistoria.blogspot.com

Este nuevo entorno llevó a que se produjera, a su vez, un nuevo cambio: la aparición del bipedalismo, de forma que los homínidos exponían una menor superficie corporal al sol y, al ganar altura, podían visualizar mejor a sus depredadores. Además, el hecho de no tener que apoyar todas las extremidades para desplazarse les permitió utilizar las manos para transportar objetos o crear nuevos gestos mediante combinaciones más complejas y expresivas, dando lugar al origen del comportamiento mimético.

Así pues, el cambio de dieta realizado al adaptarse al nuevo hábitat provocó que el estómago se redujera, lo que redujo el gasto metabólico en este y permitió que este gasto que ya no se empleaba aquí pudiera ser utilizado en el desarrollo de un cerebro de mayor tamaño, ayudado también por la introducción en la dieta de ácido decosahexaenoico (DHA) –presente en el pescado y aquellos alimentos obtenidos en lugares cercanos al agua−.

En este nuevo entorno, al igual que en el anterior, los homínidos vivían en grupo, pero requirieron de una mayor inteligencia a la hora de relacionarse entre sí, en comparación con la necesitada anteriormente para cazar o hacer herramientas. Los homínidos, fruto del tiempo y la necesidad, desarrollaron la capacidad de mímesis, la cual pudo ser el origen –un origen, por tanto, gestual− del lenguaje y, así pues, un paso previo para la aparición de este de forma completamente oral, aunque acompañado siempre de gestos dotados de un determinado valor simbólico.

Por otra parte, para la aparición del lenguaje fue necesario también el desarrollo de un aparato fonador capaz de emitir los sonidos que, al unirse, representaban los objetos del mundo, cuyos nombres eran fruto de los procesos (arbitrarios) de significación, hasta entonces, gestual.

Evolución del aparato fonador | http://biolinguistica.wordpress.com/2009

Philip Lieberman explicó cómo la laringe descendió progresivamente durante la evolución de la especie, lo que permitió que la lengua tuviera una mayor movilidad respecto a la que tienen el resto de mamíferos. De este modo, los homínidos fueron capaces de producir las llamadas tres vocales universales (/a/, /i/, /u/), las cuales son las más fáciles de percibir con claridad por el oído humano, pues son unos sonidos menos nasalizados que otros. Por el contrario, el descenso de la laringe, no solo dotó a los homínidos de un sistema de comunicación único en el mundo animal, sino que supuso la pérdida de la posibilidad de tragar y respirar a la vez, lo que podía causarles un atragantamiento. Esto ha llevado a algunos estudiosos ha realizar preguntas como: ¿valió la pena sufrir este riesgo para realizar una evolución como la de la laringe para permitir un nuevo sistema de comunicación?

En relación a qué homínido fue el primero en comunicarse oralmente, bien de forma total, bien parcial, y gracias a una simulación por ordenador, se ha podido constatar la capacidad de los neandertales para producir sonidos, aunque estos eran solo vocales intermedias (e, o) y sonidos nasalizados que les permitieron producir un gran número de secuencias vocálicas y establecer una comunicación entre los miembros del grupo.

La aparición del lenguaje no solo se basa en los desarrollos sociales y fisiológicos de los homínidos como podría parecer en un principio, sino que también necesita de un desarrollo del cerebro, ya que resulta inadmisible el desarrollo del lenguaje si este no se desarrolla a la vez que la inteligencia: si la mente no puede elaborar símbolos que representen el mundo, si los homínidos son incapaces de realizar procesos de significación, no se puede desarrollar un lenguaje para expresarlos, puesto que estos, directamente, no existirían.

El cerebro de los seres humanos se divide en diversos módulos, cada uno de los cuales tienen una función determinada y, además, una gran parte del córtex cerebral está dedicada al lenguaje, el cual, tras su aparición, obligó a reorganizar el córtex para crear nuevas áreas especializadas para las diferentes funciones. El lenguaje es una de las funciones que se encuentran en el hemisferio izquierdo y, gracias al control de los músculos que permite el lóbulo frontal, este nos otorga la capacidad del habla. Se puede observar, así pues, una asimetría cerebral, la cual ya está presente en la evolución de los homínidos desde el Homo habilis.

Por otra parte, en el hemisferio izquierdo se encuentran dos áreas relacionadas con el habla: el área de Broca, relacionada con la producción gramatical, y el área de Wernicke, relacionada con la comprensión de textos; de modo que en el cerebro se diferencian los módulos léxicos de los gramaticales, por lo que los daños que se produzcan en unos no afectan a los otros y esta es la explicación de muchos de los problemas de algunas personas en la actualidad relacionados con el habla.

Módulos mentales | El origen del lenguaje, 2010.

Según Steven Mithen, esta interrelación entre los diversos módulos del cerebro, los cuales ya habían incrementado su eficacia durante el proceso evolutivo, fue la que propició la explosión cultural de hace 50.000 años aproximadamente, la cual ha llevado a un continuo y acumulativo cambio cultural: hace 100.000 años la mente estaba formada por módulos mentales de dominio específico –inteligencia social, inteligencia de historia natural, inteligencia técnica− y con el desarrollo del lenguaje se produjo una inventiva técnica y una mayor creatividad artística, cuya causa fue un incremento de la comunicación entre módulos que antes habían estado aislados. Esto, por tanto, explica la inexistencia de herramientas desarrolladas hasta entonces; pues, gracias a la aparición del lenguaje, diversos grupos o comunidades de homínidos se cohesionaron y se transmitieron los conocimientos e información que cada uno aprendía, algo que solo puede realizarse mediante un aprendizaje social: unos les enseñan a otros para juntos aprender de experiencias, errores y hallazgos. Nacen aquí una inteligencia y memoria social basadas en las alianzas y favores entre miembros del grupo, lo que, a su vez, daba dio lugar a una mente colectiva social, con la que se ha relacionado el motivo del alargamiento de la infancia de los homínidos, pues estos se educaban mientras participaban en las funciones de la colectividad.

En este momento, podemos retomar un aspecto importante del desarrollo del cerebro durante la evolución: las dos regiones que más se han desarrollado en nuestra especie a partir del Homo habilis –y que están relacionadas con la aparición del lenguaje− son el área de Broca y el lóbulo frontal parietal, áreas del córtex donde se encuentran el planteamiento de acciones secuenciales, el mantenimiento de imágenes mentales y el área responsable de organizar en jerarquía la estructura de información. Además, en el área de Broca destacan las “neuronas de espejo”, encargadas de la posibilidad de repetición de las acciones y gestos que un individuo ve. Al pasar estos gestos a vocalizaciones, estas mismas neuronas permitieron la percepción e imitación de las vocalizaciones, lo que apoya la teoría del origen gestual del lenguaje, así como explica la posibilidad que tiene el resto de miembros del grupo para aprender.

William Calvin añade, además, que el cerebro también ha desarrollado un mecanismo para ser más preciso: la utilización de neuronas en paralelo y la separación entre objeto y acción, de la misma manera que se distingue entre el sujeto y el verbo –dos componentes básicos de la gramática− en el lenguaje. Así pues, la mente de los homínidos permite, a través de la “teoría de la mente”, que estos puedan prever cómo se va a comportar su compañero y qué quiere obtener de él, lo que supone una capacidad recursiva en la que son dependientes tanto ella como el lenguaje.

El lenguaje es un medio de comunicación único y universal entre los hombres y para su aparición se necesitó el desarrollo de la vida en sociedad –en grupos de primates−, el de la mente –el cerebro fue adquiriendo mayores capacidades− y, paralelamente, la transformación de la fisiología del cuerpo, requerida por las nuevas capacidades desarrolladas. Y fue el lenguaje quien permitió a los homínidos alcanzar un mayor nivel técnico y desarrollar, así pues, nuevas y mejores herramientas, a la vez que pudieron transmitir sus experiencias y conocimiento al resto del grupo, creando la llamada inteligencia social.

Por último, recomiendo la lectura de este artículo, en parte relacionado con el tema explicado: ¿Dónde reside la inteligencia?, publicado el 24 de octubre de 2012, en el periódico La Vanguardia.

  • Fuentes:
  1. ARSUAGA, Juan Luis; MARTÍNEZ, Ignacio. La especie elegida: la larga marcha de la evolución humana. Antón, Mauricio (Ilustr.). Madrid: Temas de Hoy, 1998. 342 p. ISBN 8478809090
  2. BOEREE, George. Los orígenes del lenguaje [en línea]. Madrid, Nacho (Trad.). Universidad de Shippensburg. [Consulta: 22 octubre 2012]
  3. BORDERIA ORTIZ, Enric; LAGUNA PLATERO, Antonio; MARTÍNEZ GALLEGO, Francesc A. “Fundar la sociedad, fundar la comunicación”. En: Historia de la comunicación social. Voces, registros y conciencias. Madrid: Síntesis, 1996. p. 27-51.
  4. CALVIN, William H.; BICKERTON, Derek. Lingua ex machina: la conciliación de las teorías de Darwin y Chomsky sobre el cerebro humano. Fernández Aúz, Tomás (trad.). Barcelona: Gedisa, 2001. 359 p. ISBN 8474328497
  5. OLARREA, Antxon. Orígenes del lenguaje y selección natural. Madrid: Equipo Sirius, 2005. ISBN 8495495570
  6. SERRANO, Sebastià; MARTÍN VIDE, Carlos; MARTÍ, Mª Antonia. “No existe una hipótesis definitiva sobre el origen del lenguaje” [en línea]. La Vanguardia. 23 febrero 1991 nº 39.228. [Consulta 22 octubre 2012]
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